Conoces la historia de la parroquia Madre de Dios?

LA CAJA DOTAL

En el mes de octubre de 1911, un grupo de conocidas damas porteñas fundó una institución a la que impusieron el nombre de “Caja Dotal”. Novedosa para la época, se proponía tres objetivos: inculcar en las jóvenes obreras la costumbre del ahorro, ayudarlas complementariamente a formar una dote personal y estimular además el deber de colaboración de los sectores más altos de la sociedad.

Las damas procuraban impulsar en las trabajadoras el hábito del ahorro, pidiéndoles aportaran cada mes una suma no inferior a un peso (el peso valía…), aporte que era aumentado con una prima –así era designada- otorgada por la Caja, más un interés bancario. A tal fin, las socias bienhechoras de la institución contribuían con una cuota fija anual o un donativo mensual. La suma resultante de ambos esfuerzos era preservada –compromiso mediante- permitiendo la formación de un pequeño capital, que era entregado a las obreras al cumplir 25 años o al casarse, sin perjuicio de aceptarse algunas extracciones ocasionales.

 

La benéfica labor de la Caja, apoyando los frutos del trabajo no concluía allí. Además de apartarse del simple asistencialismo de la época, organizó la instalación de comedores para favorecer a las jóvenes que por razones de distancia no podían almorzar en sus viviendas. Asimismo, propició pensionados para las obreras sin familia, amén de consultorios, bibliotecas y cursos organizados en los centros que la Caja Dotal fundó. En una etapa posterior, se agregaron planes de vacaciones y hasta un panteón. En todo ello, colaboraron activamente algunas congregaciones religiosas femeninas.

Las damas fundadoras y aquellas que se asociaron posteriormente tuvieron la oportunidad de vincularse directamente con las obreras de las fábricas, talleres y tiendas, explicando y buscando apoyo para los fines perseguidos por la Caja. Así fue ganando cada día mayor prestigio en todos los sectores de la sociedad.

La exitosa obra desplegada por la institución se extendió hasta alrededor de 1945, época en que la conflictividad aparecida por aquellos años no permitió la continuación de sus actividades.

EL ORATORIO

Quien sería posteriormente marquesa pontificia, Adelia María Harilaos de Olmos, integró el grupo inicial de damas que originó la Caja Dotal, y participó activamente de sus iniciativas. La institución fue, así, la primera destinataria de una extensa cadena de generosas obras de caridad que llevó a cabo en los años posteriores.

En 1921, habiendo sido investida presidenta de la Caja cuatro años antes, teniendo en cuenta la aguda carencia de templos que tenía uno de los barrios más olvidados del sur porteño, y siendo ya viuda de Ambrosio Olmos -importante hacendado de Córdoba, provincia de la cual había sido también gobernador- decidió honrarlo proveyendo de un oratorio de madera dedicado a San Ambrosio en uno de los centros de la institución que presidía.

Se trataba de una pequeña capilla de madera de 7 metros por 16, situada en Escalada 2267, en medio de zanjas y habitantes de conventillos, pero -aun así- importante para paliar la ausencia de templos en ese sector de la ciudad, motivada esencialmente por su escasa población y lejanía del centro. El oratorio San Ambrosio llegaría a convertirse, de esa manera, en el precursor de la actual Parroquia Madre de Dios.

Como colofón de la iniciativa, en la mañana del 21 de mayo de 1921, el Padre Segismundo Masferrer, conocido sacerdote jesuita e inspirador de la Caja Dotal, inauguró la pequeña capilla celebrando allí la primera misa.

LLEGAN LOS PRIMEROS OBLATOS

El XXXII Congreso Eucarístico Internacional que se realizó en Buenos Aires en octubre de 1934 y al que por primera vez asistió un Secretario de Estado del Vaticano –futuro Papa- trajo un renacer espiritual muy grande en el país, junto con medidas concretas en su organización religiosa. Entre ellas, la erección ese año de once nuevas parroquias en la ciudad de Buenos Aires, a las que se les agregaron, casi sin solución de continuidad, muchas más en los años venideros. Además, los obispados existentes en el país fueron prácticamente duplicados con la creación de otros diez.

Pero existió otra consecuencia nacida del Congreso que circunstancialmente tuvo relación directa con nuestro tema. “Otro fruto, pequeño, pero sabroso fue la llegada al país de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Para asistir a ese Congreso de resonancia mundial, bajaron de Salto (Uruguay) los Padres. Pedro Centurioni, Ceferino Castellanos y Santos Delgado.

El día 12 de octubre se trasladaron al Teatro Colón para escuchar algunas conferencias; entre otras, la de Mons. Isidro Gomá, Arzobispo de Barcelona…Al subir la escalinata del teatro, el P. Centurioni dejó ver la sotana religiosa con la faja característica y el Cristo Misionero en la cintura. Uno de los presentes, al verlo, le dirigió la palabra, entablándose el siguiente diálogo:

– “Ud. pertenece a la Congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Yo los he conocido en Francia, sobre todo en Lyon y Marsella ¿Dónde tienen la Casa?”.

– “Aún no tenemos establecimiento alguno en Argentina. Vinimos de Salto, Uruguay”.

– “¿Y aquí no quisieran establecerse?”.

– “Si la Divina Providencia nos favoreciese, con mucho gusto”, concluyó el P.Centurioni.

El laico interlocutor, agregado años antes a la embajada Argentina en Francia era el Dr. Ambrosio Solari. Habló del asunto con su amigo, el Sr. Rodolfo Scapino, Presidente de la Conferencia Vicentina. Al volver a hablar con el P. Centurioni, gestionaron semanas más tarde una entrevista con el Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Santiago Luis Copello, quien les otorgó una audiencia en los días de Navidad. El P. Centurioni se presentó con los Sres. Solari y Scapino en el Arzobispado oficializando el pedido de una fundación en la Capital Federal. Mons. Copello, como hábil estratega, les llevó a un gran mapa donde estaban delineadas todas las parroquias del Arzobispado y les dijo: “Todo está bastante bien atendido. La parte más deficiente es el triángulo que componen los barrios de Floresta, Mataderos y Villa Lugano. Es también la zona más pobre de la Capital Federal, juntamente con el pequeño barrio de Villa Soldati, que lo tengo reservado para otra congregación”. El P. Centurioni consultó enseguida con el Superior General y el Provincial de España y la respuesta fue radicalmente evangélica: “no importa que sea pobre; acepte. Es ideal para los Misioneros Oblatos de María Inmaculada” (1).

 

Todo ello derivó en el traslado de los Padres Centurioni y Castellanos, quienes dejaron el Uruguay en el mes de julio de 1935 para instalarse en Buenos Aires, donde disfrutaron temporariamente de la hospitalidad de los sacerdotes redentoristas en su sede central vecina a la Plaza Libertad.

LA PARROQUIA

Los dos religiosos que acabamos de mencionar comenzaron su actividad alquilando una pequeña casa al lado del primitivo oratorio, con dos habitaciones sin agua corriente, ni cocina, ni baño. Dos meses después se les incorporaron los Padres Florencio Domínguez y Manuel Recalde, por lo cual fue necesario alquilar una segunda casa, esta vez a una cuadra de distancia. En octubre de 1935 aumentaron los oblatos con el arribo de los Padres Anastasio Pérez, Eustaquio Martínez y el teólogo-hermano José González, quien en 1938 sería ordenado sacerdote.

Se hizo imprescindible arrendar una tercera casa, esta vez sobre la actual Avenida Eva Perón, con tres habitaciones, cocina, comedor, baño y terraza, y se prescindió así de la vivienda anterior. Pero las penosas dificultades del trabajo en un barrio con todas las calles de tierra, sin teléfono y con una sola línea de ómnibus –además lejana- obligaron a los miembros de la Comunidad a ser auxiliares de parroquias vecinas, capellanes y confesores de monjas y predicadores esporádicos en algunas misiones bajo carpas. Todo ello forzó el traslado al Uruguay de los Padres Pérez, Castellanos, Martínez y Domínguez.

Sin embargo, los Oblatos de María Inmaculada ya habían conseguido lo más importante: formaban parte de la familia religiosa de Argentina, y, en particular, de su ciudad capital.

Como resultado de todo este proceso, el sencillo oratorio creado por la Caja Dotal terminó siendo elevado a parroquia el 28 de junio de 1935. Habiéndose acordado la fecha de su inauguración para el domingo 7 de julio siguiente, el Arzobispo delegó en el entonces Superior de los Redentoristas, P. José Sandbohte, la tarea de representarlo en la pertinente ceremonia. El P.Centurioni quedó constituido primer párroco de la flamante “Mater Dei” -denominación original- teniendo como auxiliar al P. Castellanos.

Con la inauguración del muy modesto templo quedaba sellada la suerte porteña de la nueva Congregación: el Cardenal Copello, había señalado a ese sector de Parque Avellaneda y Villa Lugano como asiento misionero de los Padres Oblatos Pedro Centurioni y Ceferino Castellanos, quienes, a los dos meses, recibieron el refuerzo de los Padres Florencio Domínguez y Manuel Recalde.

 

Como paso siguiente, se hizo necesaria una nueva sede parroquial. Decidida su construcción, el terreno escogido estuvo ubicado a una cuadra del oratorio original, en Av. Escalada 2350. Fue proyectada por los ingenieros Gugliada y Lucarno y edificada en dos etapas: la primera abarcó aproximadamente desde 1941 hasta 1945, con la construcción hasta el actual crucero. Luego, coincidiendo con la segunda conducción de Mater Dei por el Padre Recalde, la siguiente etapa comprendió desde 1953 hasta 1957, cuando se concluyó el resto de la edificación. Igual lapso abarcó la elevación de las dependencias parroquiales.

El templo pudo erigirse gracias al aporte de los vecinos, que colaboraron trayendo a cada celebración de la misa los miles de ladrillos necesarios para la edificación, dando pie por entonces a un espectáculo harto emotivo. Entre los aportantes predominaba la numerosa feligresía italiana, uno de cuyos grupos más representativos era el denominado “los caballeros de San Roque”.

Los inmigrantes señalados participaban mucho en las actividades religiosas. Encontraban un punto en común en la práctica de las devociones marianas y de los santos, donando a la parroquia la casi totalidad de sus imágenes, procedentes también de Italia. Hoy, ya pasado largo tiempo, esa inmigración ha sido reemplazada por la de procedencia boliviana.

La suma de esos aportes representó un gran respaldo espiritual y moral para los fieles. Así, fue posible compartir lo mejor que trajeron de sus lugares de origen, transmitiendo vida a la naciente parroquia por medio de novenas, fiestas, procesiones, kermeses, catequesis y obras de caridad.

SALÓN AMBROSIO OLMOS

A todo esto, quien había donado el oratorio San Ambrosio, Adelia María Harilaos de Olmos –ya marquesa pontificia- quiso completar su gesto de 1921 con el obsequio a la parroquia de un gran anexo, que llevaría el nombre de Salón Ambrosio Olmos. Éste nació siendo un cine parroquial, al cual concurrían los fieles luego de asistir a misa, invitados por el P. Manuel Recalde OMI, quien -repartiendo las entradas- controlaba el cumplimiento del precepto…Cuando el cine fue desarmado, siendo objeto de reforma para funcionar como salón parroquial, las butacas fueron destinadas a las capillas que los oblatos habían instalado en la zona de Virrey del Pino, Partido de La Matanza, sobre la Ruta Nacional 3. Actualmente, quedan dos o tres de dichas butacas en la iglesia de San Pedro, ubicada en el barrio homónimo de dicha localidad.

 

Consecuentemente, el 21 de octubre de 1944 quedó inaugurado el nuevo salón en una ceremonia presidida por el arzobispo porteño, Cardenal Santiago Luis Copello, complementada con una distribución de alimentos entre las familias carenciadas del lugar. La generosa donante participó del acto, culminando así su contribución de 23 años atrás. Muchos y suntuosos templos nacidos de su magnanimidad le deberán posteriormente su existencia dentro del país.

Actualmente, el uso principal del salón es el dictado de cursos autorizados por la parroquia.

RETIRO DE LOS OBLATOS

Pasaron los años, y el 2 de febrero de 2008 la Congregación que había regentado la parroquia durante 73 años se vio obligada a cedérsela a la arquidiócesis, quien se hizo cargo de ella por un período de seis años renovables por otros seis, lo que ya ha ocurrido.

Dificultades insalvables en el reemplazo generacional de los religiosos, sumadas a otras de naturaleza económica forzaron el retiro.

Los sacerdotes que rigieron la parroquia hasta el apartamiento de la Congregación fueron los Padres Pedro Centurioni, Manuel Recalde, Eustaquio Martínez, Donato Cellü, José González, Anastasio Pérez, Víctor Kirsch, Juan Cincunegui, Luciano Antón, Santiago Rebordinos, Honorato Domínguez, Pablo Fuentes, Egel Morilla, Antonio Mariangeli y Gregorio Górski, alternándose algunas veces en el cargo.

 

Por su parte, el Padre Javier Alejandro Klajner hasta 2017, y el P. Martín Alejandro Carrozza desde entonces, han conducido Madre de Dios en representación del clero secular.

Acotemos que ya se había modificado el primitivo nombre Mater Dei por su equivalente en español, criterio de la arquidiócesis que –a guisa de ejemplo- se utilizó en otras parroquias como Nuestra Señora del Consuelo y Madre Admirable.

Mater Dei era originariamente una designación muy cara al espíritu de los oblatos, quienes tienen una tierna devoción por la Virgen María, tal como lo manifiesta el propio nombre de la Congregación. Algunos miembros de ella tienen la impresión de que la marquesa pontificia donante del oratorio hubiese deseado que San Ambrosio se extendiera también como nombre a la parroquia. De todas maneras, como ello no ocurrió, el salón anexo que aquella generosamente obsequió después honró al santo cuyo nombre llevaba su fallecido esposo.